domingo, 22 de marzo de 2009

CESAR VALLEJO, POETA PERUANO Y UNIVERSAL



César Vallejo fue el undécimo y último hijo del matrimonio de Francisco de Paula Vallejo Benites con María de los Santos Mendoza y Gurrionero, ambos natu­rales de Santiago de Chuco e hijos de dos sacerdotes españoles –don José Rufo Vallejo y don Joaquín Mendoza– y dos indígenas peruanas –Doña Justa Benites y Doña Natividad Gurrionero. La familia pertenecía a la clase media baja. De la investigación hecha por André Coiné, ratificada por el testimonio definitivo de Alcides Spelucín, aparece que nació en esa ciudad el 16 de marzo de 1892.


Casa de César Vallejo en Santiago de Chuco.

Tuvo vida escolar anómala e interrumpida quizás por razones económicas. En 1900 es matriculado en el primer año en la Escuela Fiscal de Santiago de Chuco y concluye cinco años después su instrucción básica en el Centro Escolar Nº 271 destacando, dicen sus biógrafos, en “Castellano, Historia y Lecciones de cosas”.

Pasó a Huamachuco (1904), donde conoce las famosas minas de Quiruvilca, que más tarde se convertiría en el escenario de su novela El Tungsteno. Allí siguió la educación secundaria en el Colegio Nacional San Nicolás de Huamachuco (1905-1908), con muy buenos resultados aunque en medio de la estrechez económica. Concluidos sus estudios secundarios, retornó a su pueblo natal, dedicándose durante un año a realizar pequeños trabajos, teniendo como meta ahorrar para sus estudios universitarios.

En 1910 trasladose a Trujillo y se matriculó en el primer año de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de La Libertad, pero al cabo de unos meses se le agotaron sus ahorros y tuvo que volver a Santiago de Chuco, con ánimo de trabajar por un año más y tener los recursos necesarios para sostenerse. Esta vez se propuso una meta más alta: seguir estudios de Medicina en Lima.

En 1911 partió a la capital del Perú y obtuvo matrí­cula en la Facultad de Ciencias de la U. N. M. de San Marcos, la decana de América. Una vez más no pudo sostenerse por motivos económicos y al cabo de unos meses tuvo que abandonar las aulas universitarias. Es posible que también se desilusionase de aquella disciplina y decidiera tomar otros aires. Alentado por un contrato de trabajo, via­jó a Tarma y Acobamba, a unos 200 kilómetros de Lima, en calidad de precep­tor privado de los hijos de Domingo Sotil, un rico hacendado de la zona, labor que duró siete meses.

Al concluir aquel año de 1911, retornó a Trujillo, donde halló un modesto empleo como ayudante de cajero de la Hacienda “Roma” de Chicama (1912). Esta experiencia le sería valiosa saliendo de ella “marcado” al ser testigo de la bárbara explotación de los peones en los plantíos de caña de azúcar, que luego sería tema de inspiración y reflexión de muchos de sus escritos posteriores.

En 1913 renunció a su empleo en la hacienda y retornó nuevamente a Trujillo. Ya decidido a sustituir las ciencias por las letras, reanudó sus estudios en la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo. Allí conoció a Víctor Raúl Haya de la Torre, quien fue su compañero de aula y su temprano amigo. Al mismo tiempo pasó a ser preceptor en el Centro Escolar de Varones Nº 241 (1913-1914) y asumió el cargo de profesor del primer año de primaria en el Colegio Nacional de San Juan. Se recuerda que entre sus pequeños alumnos estuvo Ciro Alegría, quien llegaría a ser un gran novelista (1).

Optó grado de Bachiller en Letras (22 de setiembre de 1915) con una tesis sobre El Romanti­cismo en la poesía castellana, que era, como su nombre lo dice, un discurso ensayístico sobre el romanticismo literario europeo, latinoamericano y peruano. Ese mismo año abrazó también la carrera de Jurisprudencia. Nunca llegaría a culminar esta carrera ni la de Letras.

Leer aquí la tesis: El Romanti­cismo en la poesía castellana

Cultivó la adhesión y el afecto del grupo literario “La bohemia de Trujillo”, antecedente del célebre Grupo Norte, grupo de gran importancia en la vida cultural del país, de la que también formaban parte Antenor Orrego, Alcides Spelucín, José Eulogio Garrido, Juan Espejo Asturrizaga, Macedonio de la Torre, Víctor Raúl Haya de la Torre, en pugna con el grupo de Víctor Alejandro Henández (2); y en ese ambiente amplió su cultura y desarrolló su personalidad (entre 1915 y 1918 más o menos).

Vallejo se dedicaba ya a componer ver­sos, tarea que había empezado desde muy joven. Por un tiempo fue gran admirador del mexicano Manuel Acuña. Las reuniones nocturnas en casa de José Eulogio Garrido, las controver­sias ideológicas dentro de la universidad, las lecturas de Darío, Herrera, Reissig, Maeterlinck, Whitman y Verlaine, fueron conformando su per­sonalidad de poeta insurrecto e iconoclasta. ¡Años aquellos de fecundas inquietudes literarias!

Publicó sus poemas en periódicos y revistas locales como La Industria, La Reforma, Cultura Infantil, La Semana; uno de ellos, titulado “Aldeana”, fue publicado en Balnearios de Barranco de Lima y reproducido en El guante de Guayaquil y El liberal de Bogotá. Algunos de esos poemas serían después recogidos en Los heraldos negros, su primer poemario. Sobre versiones antiguas de algunos de estos poemas publicados en la prensa trujillana y limeña, ver aquí:


César Vallejo. Nuevos Textos.

Pero como es natural en estos menesteres literarios, se ganó las críticas y envidias en una ciudad como Trujillo, donde se decía que todos presumían ser poetas. Tiempo después, Vallejo logró abatir a sus menguados infa­madores ganándoles olímpicamente en un torneo literario convocado por la Municipalidad con motivo del centenario de la proclamación de la independencia de Trujillo (1920) Su poema pre­miado se titulaba Fabla de Gesta (Elogio al Marqués de Torre Tagle) (3)

Vallejo joven.



En 1911 Clemente Palma había recha­zado en Variedades una composición de Vallejo; lo mismo hizo en 1917 con otra que luego perteneció al poemario Las heraldos negros (el ahora conocidísimo poema “El poeta a su amada”), dedicándole un comentario despectivo que apareció en aquella revista y donde se leían las palabras de "mamarracho", "adefesio", "tontería poética" (4)

A la incomprensión y las críticas desaprensivas hacia sus creaciones poéticas, se sumaron las decepciones amorosas. Hacia 1916 se enamoró de la trujillana María Rosa Sandoval, quien sería la inspiradora de algunos versos de su primer poemario publicado, Los Heraldos Negros. En 1917 trabó un apasionado idilio con Zoila Rosa Cuadra (una quinceañera a quien apodaba “Mirtho”), pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse a causa del desengaño. Años después le confiaría a un amigo íntimo que luego de rastrillar el arma (que contenía una sola bala) contra su sien, sin producirse el disparo, se sintió lleno como una oleada de vida.

Del mal paso le salvaron sus amigos, quienes le convencieron a volver a Lima. Tentado pues, una vez más, por el atractivo de la capital, abandonó Trujillo al terminar su tercer año de estudios en la Facultad de Ju­risprudencia (1917). Se embarcó en el puerto de Salaverry, en el vapor Ucayali, y llegó a Lima el 30 de diciembre de 1917. Allí conoció a Manuel González Prada (5), el apóstol de los nuevos tiempos (febrero de 1918). También conoció a José María Eguren, a Juan Parra del Riego, a Abraham Valdelomar (quien llegó a profesar una sincera admiración por Vallejo, calificándole como un poeta “en la más noble acepción de la palabra”), a Juan José Lora, a Juan Luis Velásquez y a José Carlos Mariátegui.

Muy pronto, los escasos recursos económicos que trajo de Trujillo se le agotaron. Sin embargo, ya un tanto conocido en el medio intelectual limeño, entró en contacto con los periódicos y revistas que le publicaron uno que otro reportaje o poema. También consiguió un puesto de profesor en el Colegio Barrós, cuya dirección ejerció tras la muerte de su director y fundador (6 de setiembre de 1918 a mayo de 1919).

Vallejo en 1920.

Por entonces se enteró de una noticia desgraciada: el fallecimiento de su ma­dre (8 de agosto de 1918), a los 78 años de edad. También por esos días entabló una fogosa relación erótica con una muchacha de quince años, Otilia Villanueva (cuñada de uno de sus colegas del colegio Barrós), relación que fue más lejos de lo que esperaba. Otilia queda embarazada, y al parecer Vallejo, que no quería casarse, la obligó a abortar; como resultado del escándalo perdió su puesto en el colegio Barrós.

Luego, en 1919, entró a trabajar como docente de 4º y 5º años de primaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe: su cargo fue de inspector disciplinario y profesor de Gramática Castella­na. Paralelamente, con el deseo de conseguir el doctorado de Letras y de Derecho, prosiguió sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Colaboró también por entonces en la revista de Mariátegui Nuestra Época, revista ésta que tuvo corta duración.

A mediados de 1918 editó su poemario titulado "Los Heraldos Negros", que fue impreso en los talleres de la Penitenciaría de Lima. Tras esperar vanamente el prólogo que debía ser escrito por su amigo Valdelomar, la obra circuló recién en julio de 1919, en corto tiraje. El volumen contenía 69 poemas; unos pocos datan de 1915 y 1916, pero la mayoría fueron escritos en el período de 1917-1918. Se ha dicho que “Los Heraldos Negros” fue recibido en su momento con indiferencia o desdén por la elite intelectual peruana. Sin embargo, Alcides Spelucín ha exhumado los elogios que recibió de parte de Manuel González Prada, José María Eguren, Abraham Valdelomar, Juan Parra del Riego, Antenor Orrego, Luis Góngora, Ezequiel Balarezo Pinillos.

Algún tiempo después decidió visitar su pueblo natal, Santiago de Chuco (mayo de 1920). Allí fue testigo de los desbordes oca­sionados por una rivalidad pueblerina, entre partidarios del ex presidente Pardo y los leguiístas, culminados con el incendio, el saqueo de una tienda y la muerte de tres personas (1º de Agosto de 1920). A los pocos días pasó a Huamachuco, donde supo que algún mal­queriente lo había implicado en los hechos, junto a diecinueve personas más, calumniándolo de incendiario, ladrón y homicida. Resultó que la familia afectada en dicho incidente fueron los Santamaría, rivales tradicionales de los Vallejo en Santiago de Chuco y la acusación tenía claros visos de ser una calumnia por venganza. Vallejo huyó a Trujillo y se albergó en casa de su amigo Antenor Orrego. Pero, aconsejado por alguien (cuya identidad no ha sido revelada), cambió de refugio y terminó siendo descubierto, apresado y arrojado a un calabozo de la Cárcel Central de Trujillo. Allí permaneció durante 112 días (del 6 de noviembre de 1920 al 26 de febrero de 1921.) Desde la prisión, entre rejas, escribió varios de los poemas y cuentos que después aparecerían publicados en "Trilce" y "Escalas”.

Hubo gestiones de intelectuales y estu­diantes en su favor, llegándose a una campaña nacional, animada por Antenor Orrego en Trujillo, el poeta Percy Gibson en Arequipa y el carpintero anarquista Manuel Uchofen en Chiclayo. A principios de 1921, y merced a la tenacidad de sus amigos y de Carlos A. Godoy, su abogado, obtuvo la liber­tad condicional. No obstante, aquella experiencia le dejó una huella imborrable (6). En uno de sus poemas posteriores diría que la experiencia más grave que le tocó vivir fue en una cárcel del Perú.

Tras recobrar la libertad, volvió transitoriamente a Santiago de Chuco y se embarcó luego a Lima (marzo de 1921). Allí participó en un concurso de cuentos organizado por la Sociedad Entre Nous, con su relato "Más allá de la vida y de la muerte", el cual ganó un premio, en efectivo. La entrega del premio se realizó el día 27 de mayo de 1922, durante una función de gala en el Teatro Forero (hoy Municipal), a la que no asistió el poeta. El premio, consistente en 200 soles, lo recibió, a nombre de Vallejo, su amigo trujillano Francisco Xandóval. El dinero le permitiría poder realizar su más caro anhelo: poder ver en letras de molde otras obras suyas.

Durante esta nueva estancia en Lima estuvo alojado en el actual Jr. Quilca 273, altos, casa de la familia Vásquez Díaz, para pasar luego a Acequia Alta 422 altos (hoy 526 del jirón Cailloma). En Octubre de 1922 apareció en Lima su libro de poemas "Trilce", impreso en los Talleres Tipográficos de la Penitenciaría, con prólogo de Antenor Orrego, su admirador y consejero de muchos años, quien al respecto dijo del poeta que "a partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal". Fue el único comentario entusiasta hacia dicha pu­blicación; en el resto de críticos produjo en cambio desconcierto. Luis Alberto Sánchez, por ejemplo, se preguntaba por qué Vallejo escribiría una obra tan extraña e incomprensible (7). "El libro ha naci­do en el mayor vacío” reconoció entonces Vallejo al mismo Orrego. Y agregó estas bellísimas palabras:

"Soy responsable de él. Asumo toda la respon­sabilidad de su estética. Hoy, y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí una hasta hoy desconocida obligación sacratísima de hombre y de artista, ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás. Siento que gana el arco de mi frente su más imperativa fuerza de heroicidad. Me doy en la forma más libre que puedo y ésta es mi mayor cosecha artística. ¡Dios sabe hasta dónde es cierta y verdadera mi libertad! ¡Dios sabe cuánto he sufrido para que el ritmo no traspasara esa li­bertad y cayera en libertinaje! ¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colma­do de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo para mi pobre ánima viva".

Por entonces Vallejo volvió a ejercer la docencia en el Colegio de Guadalupe. Se dedicó también a una vida de bohemia que incluyó el alcohol y las drogas (las célebres sesiones de opio en los fumaderos chinos), pero no lo alejó de la creación literaria. En marzo de 1923, publicaba una corta edición de 200 ejemplares de sus "Escalas” o “Escalas Melografiadas" (como reza la carátula del original) (8), colección de relatos y cuentos. Otra narración suya, titulada "Fabla Salvaje", fue publicada el 16 de mayo de 1923 por Pedro Barrantes Castro en su serie “La novela peruana”.

Hay un episodio de la vida de Vallejo en Lima que se suele pasar por alto en sus biografías: su participación en 1923 en la lucha contra la consagración del Perú al Corazón de Jesús, manio­bra urdida por la dictadura de Leguía. En la «La Crónica» del 22 de mayo de 1923 aparece su nombre entre los convocantes para una asamblea estudiantil que vería el caso. Entre los firmantes están Haya, el mismo Vallejo, Jorge Basadre, Manuel Seoane y Manuel Alarcón Vidalón. Este último moriría, al igual que el tranviario Salomón Ponce, en el choque que se produjo entre estudiantes y obreros con la fuerza pública. Esto ocurrió el 23 de mayo, apenas terminada la asam­blea estudiantil, que rechazó por una­nimidad la consagración proyectada por Leguía. En las horas siguientes, Lima, fue estremecida por un huracán de cólera popular. El entierro de Ponce y Alarcón congregó a 40 mil personas: en una Lima de 200 mil.

La hostilidad de los literatos mediocres, la algidez del medio so­cial en que vivía y la noticia de que el juicio que se le pro­moviera en Trujillo sería reabierto, hicieron que Vallejo apresurara su viaje al Viejo Continente, en el cual ya pensaba desde, por lo menos, el año de 1920. El 17 de junio de 1923 se embarcó en el vapor “Oroya”, en compañía de su amigo Julio Gálvez Orrego (9). Llevaba en el bolsillo una moneda de 500 soles. Meses antes había sido declarado cesante en su puesto de profesor de primaria del Colegio Guadalupe. Ya nada lo retenía en el Perú.

La víspera de su partida escribió una carta a su abogado en Trujillo, el doctor Carlos C. Godoy, en la que expresa los sentimientos que le embargan:

“Habría querido bajar, a mi paso, por Salaverry, más lamentablemente, no toca el “Oroya” en ese puerto, y me quedo con la mano en el aire sin alcanzar a estrechar las de los poquísimos amigos que, como usted, ocupan mi corazón. Que vamos a hacer. Ya lo haré a mi retorno. Me permito rogarle, si ello no lo distrajera mayormente, tenga la bondad de dar un vistazo por el expediente sobre el juicio de agosto, el que, según me dicen, ha vuelto al tapete negro del tribunal de Trujillo. Hágalo, doctor, por mi ausencia y por la tranquilidad de los míos, por cuya suerte me voy inquietado acerbamente. Yo se lo agradeceré con toda el alma.”

Pese a sus deseos, nunca más regresaría a la patria.

Tocó suelo francés el 12 de julio y el día 13 llegó a París. Planeaba vivir de los ingresos que le reportaría el pe­riodismo, ejerciendo como corresponsal del diario “El Norte” de Trujillo (hasta 1930) y como colaborador de las revistas L'Amérique Latine de París, “España” de Madrid y “Alfar” de La Coruña, aunque sus ingresos eran más bien modestos.

Durante sus dos primeros años de estadía en la capital francesa se enfrentó con una dura y amarga realidad derivada de la escasez de medios económicos y de la angustia de ser un exiliado. Hubo momentos en que tuvo que dormir a la intemperie, en las bancas de la calle y en los parques públicos. Felizmente, un escultor de Costa Rica, Max Jiménez, le dejó su "atelier" de la calle Vercingétorix, aliviándole aunque muy relativamente, su apremiante situación económica.

A principios de 1924 recibió la noticia de la muerte de su padre, lo que constituyó un rudo golpe para él. A la crisis anímica y espiritual se sumó la crisis física, agravada por la mala vida que llevaba. El 4 de octubre de ese año de 1924 fue internado en el hospital La Charitê (hospital de caridad pública), víctima de una hemorragia intestinal; un amigo de apellido Piérola le garantizó. El día 21 fue dado de alta, pero el 26 tuvo una recaída siendo internado de emergencia, para salir el día 28. Se dirigió a descansar a Meudon, al sudeste de París y cerca de Versalles.

Desde 1925 envió periódicamente colaboraciones a las revistas Mundial (1925-1930) y Variedades (1926-1930) y posteriormente al diario “El Comercio” de Lima (1929-1930); la colaboración en estos diarios y revistas, sumada a la de El Norte de Trujillo, fue la fuente principal de sus ingresos en París. Algunos artículos aparecieron simultáneamente en varios periódicos de América Latina; tal es el caso de “Autopsia del surrealismo” que se publicó en “Variedades” y en “Amauta” de Lima, en “Nosotros” de Buenos Aires y en “Letras” de Santiago. (10)

Trabajó también como secretario de la recién fundada Les Grands Journaux Ibe­roAméricains ó Los Grandes Periódicos Iberoamericanos (1925-1926), una vasta organización publicitaria dirigida por Alejandro Sux.

En 1925 obtuvo una beca del gobierno español (11) con el propósito de finalizar en España sus estudios de Derecho y Jurisprudencia, que dejara truncos en Lima. En octubre de ese año viajó a Madrid y retornó a Paris en diciembre. En los dos años siguientes continuará yendo periódica y brevemente a Madrid a cobrar a plazo fijo el monto de la beca, aunque sin estudiar.

Su situación económica tendió pues, a mejorar. En 1925 se le podía encontrar trabajando en el estudio del Nº 3 de la rue Vercingetórix, cerca de Montparnasse, de donde se trasladó al Hotel Richelieu (20, rue Moliere). Montparnasse y el Café “La Régence”, frente a la Comédie Francaise, cerca del Hotel, le proporcionaron el ambiente bohemio que necesitaba para su actividad creativa.


Bohemio César Vallejo en París con amiga Henriette y Carlos More en 1926.

Se relacionó por entonces con Henriette Maisse, una humilde modistilla, a quien conoció en el café de La Régence y con quien convivió de 1926 hasta octubre de 1928. En 1926 publicó junto con el escritor español Juan Larrea la revista Favorables París Poema; fundó también “La Semana Parisien”, con Pablo Abril y Emilio Ribeyro. Larrea, a quien conoció en casa de Vicente Huidobro (poeta chileno), llegó a ser uno de sus grandes amigos y admiradores; después se convertiría en su biógrafo y fervoroso estudioso de su obra, que la difundiría abnegadamente.

En 1927 se retiró de “Los Grandes periódicos Iberoamericanos”, y pasó dificultades causadas por la ansiedad económica y el silencio de su familia en el Perú. En ese año visitó otra vez Madrid para cobrar los estipendios de la beca, pero en setiembre renunció a ella, cuando empezaron a pedirle pruebas de que realmente estaba estudiando. Retornó luego a Paris, ciudad por la que sentía especial obsesión.

Durante estos años de estancia parisina conoció a distintas personalidades del mundo de la cultura. Se hizo muy amigo del pintor Juan Gris cuya grata relación se cortó forzosamente en 1927 por el fallecimiento prematuro del artista. Conoció también a Picasso, quien años después le haría un retrato célebre (publicado en la primera edición del poemario España, aparta de mi este cáliz). También conoció al escritor Tristan Tzara y al escultor Jacques Lipchitz. Entre las personalidades latinoamericanas que conoció entonces se debe mencionar con especial relieve al chileno Vicente Huidobro, quien, como él, fue un revolucionador del lenguaje poético; y a Pablo Neruda, otro de los grandes de la lírica hispana.

Igualmente, se sitúa en esta primera parte de su estancia parisina, que va de 1923 a 1929, la composición de algunos cuantos poemas (agrupados después bajo el título de “Poemas en prosa”), un libro o recopilación de ensayos titulado "'Contra el secreto profesional", y un proyecto de novela incaica titulado “Hacia el reino de los Sciris” (que también sería publicada de manera póstuma). La razón de esta escasez de creaciones literarias se debía a que se hallaba más absorbido en producir artículos y crónicas para diarios y revistas pane lucrando.

En 1927 empezó también su romance con Georgette Phillipart-Travers (12), una joven de 18 años que vivía con su madre en una calle que daba a los Campos Elíseos, en frente donde se hospedaba el poeta. Era “una francesa un poco burguesa”, como la describió más tarde el poeta Rafael Alberti (13).

En abril de 1928 su salud se deterioró seriamente y fue a recuperarse a Ris Orangis, al sur de París, cerca del actual aeropuerto de Orly. Le acompañó en dicho trance Henriette. Se restableció en julio de ese año. Entonces pidió a la embajada peruana el importe de un pasaje para retornar al Perú; le consiguieron el dinero, pero él, ya recuperado, decidió emplearlo para un viaje a Rusia.



César Vallejo y Mlle. Georgette Philippart en el Parque de Versalles. Verano de 1929. Foto Juan Domingo Córdoba. Reproducción del mismo negativo sin recorte.

Y es que por esta época empezó a interesarse con más ahínco por las cuestiones sociales. Desde 1925 pertenecía a la célula francesa de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA, fundada por su gran amigo y compañero de estudios Haya de la Torre. Pero se sintió atraído por el comunismo y en Octubre de 1928 viajó a Rusia, llegando a Moscú el día 19. En noviembre estaba de vuelta en París. “Debemos unirnos todos los que sufrimos de la actual estafa capitalista, para echar abajo este estado de cosas. Voy sintiéndome revolucionario y revolucionario por experiencia vivida, más que por ideas aprendidas”, le escribió el 27 de diciembre a Pablo Abril y al día siguiente firmó un documento de ruptura con el APRA, debido a la “nueva orientación contrarrevolucionaria” que, según él, le diera Haya. Casi de inmediato fundó la célula marxista-leninista peruana en París cuyos conspicuos representantes eran Eudocio Ravines (posteriormente renegado del comunismo) y Armando Bazán. Su adhesión al Partido Socialista del Perú (después llamado Partido Comunista Peruano), fundado poco antes por su otro gran amigo y admirador, José Carlos Mariátegui, era ya una realidad. A propósito, en 1928 Mariátegui publicó sus célebres “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana” y en el ensayo correspondiente a la literatura, incluyó a Vallejo calificándolo de un “gran poeta… precursor del nuevo espíritu, de la nueva conciencia” y sus Heraldos Negros según él, marcaban el inicio de una nueva poética en el Perú.

Vallejo ante la Puerta de Brandenburgo, Alemania.

En 1929, en una carta enviada a su hermano Víctor, Vallejo hizo saber su deseo de volver al Perú. Decidió también vivir con Georgette, mudándose a la casa de ésta, cuya madre acababa de fallecer dejando en su hija una respetable herencia pecuniaria (14). La situación económica del poeta mejoró entonces. Ese mismo año visitó por dos semanas Bretaña. También en ese año, acompañado por Georgette, viajó por los países de la Europa Central y Oriental: Italia, Austria, Hungría, la Unión Soviética, Alemania y Checoslovaquia. Se detiene en Colonia, Varsovia, Praga, Viena, Budapest, Moscú, Leningrado y varias ciudades italianas. Tal gira, sin duda muy costosa, se cree que fue financiada con el dinero de Georgette.

Este segundo viaje a Rusia a través de sus grandes ciudades es de suma importancia para su desarrollo ideológico y literario. Escribió a propósito un largo reportaje que por entregas fue publicado en las revistas Amauta, Mundial y Variedades, y el diario El Comercio de Lima; Nosotros en Buenos Aires y Bolívar de Madrid. Dicho material informativo se convertiría después en su libro Rusia en 1931.

En mayo de 1930 volvió a España, esta vez también brevemente, a raíz de la segunda edición de su poemario "Trilce" (1930), que fue publicado con prólogo de José Bergamín y un tributo (poema­-salutación) de Gerardo Diego. Este hecho señaló el descubrimiento de Vallejo en España.

De vuel­ta en París, tendría que soportar inconvenientes de corte político. Su dos viajes a la Unión Soviética, sus reuniones y entrevistas “sospechosas”, además de ser lector del diario L´Humanité (órgano del partido comunista francés), fueron motivo suficiente para que las autoridades francesas lo acusaran de hacer propaganda subversiva y lo consideraran “indeseable”. Su expulsión se ordenó 2 de diciembre de ese año de 1930. Entre otros afectados por tal orden estaban Armando Bazán y Juan Luis Velásquez. Aunque el gobierno francés les concedió un plazo de casi dos meses para abandonar el país, Vallejo y Georgette viajaron a España el 29 de diciembre y llegaron a Madrid en víspera de año nuevo de 1931.

Por entonces, el periodista César González Ruano le hizo la única entrevista que se conoce de Vallejo, aparecida en El Heraldo de Madrid, el 27 de enero de 1931; el periodista le hizo la siguiente descripción: «Este hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo, cuya risa tortura en cicatrices el rostro, habla con la misma precisión que escribe y no os espantará demasiado si os juro que en el café se quita el abrigo y le duerme en la percha»

En España Vallejo y Georgette presenciaron la caída de la monarquía y la instauración de la Segunda República Espa­ñola (14 de abril de 1931). Contrariamente a lo que se ha asegurado, Vallejo vio dicho cambio con absoluta indiferencia, no exenta de amargura, "Una revolución sin efusión de sangre -y la experiencia lo confirma- no es una revolución", afirmaba y mantenía Vallejo, según testimonio de Georgette. Su amigo Larrea ha testimoniado también al respecto: “Vallejo era un marxista mas que convencido (…) creía necesaria la revolución y juzgaba indispensable una planificación que permitiera el establecimiento de una verdadera justicia social, y hasta creía en la necesidad de la dictadura del proletariado (…)”.

Ello no le impidió estar siempre presto a participar en la organización de las bases republicanas y más aún cuando poco después la amenaza fascista se abatió sobre la flamante República. Su estancia en España también le permitió estrechar relaciones con los más notables es­critores españoles del momento, como el ya mencionado Juan Larrea, los Machado, Unamuno, Federico García Lorca, Rafael Alberti (15), Luis Cernuda, Gerardo Diego, José Bergamín y otros más.

De acuerdo a sus convicciones, Vallejo se inscribió en el Partido Comunista Español y enseñó las primeras nociones del marxismo a estudiantes obreros simpatizantes. Para remediar la precariedad material que le apremiaba, trabajó como traductor para la Cenit Editores. A instancias también de los editores, escribió una “novela proletaria” titulada "El Tungsteno", emergida de su experiencia juvenil en la Hacienda “Roma” de Chicama, y que se publicó en 1931; al año siguiente fue traducida al ruso. En julio de ese mismo año salió a la luz otro de sus escritos, de tipo ensayístico: “Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin”, que se convirtió en un éxito editorial al tener tres ediciones en un lapso de cuatro meses. Sobre pedido escribió también "Paco Yunque", su más logrado cuento, que sin embargo, fue rechazado por los editores españoles por ser "demasiado triste". Por ironías del destino, dicho cuento se convirtió, tras ser publicado recién en 1951, en el más leído de las escuelas del Perú.

En ese mismo año de 1931, por ter­cera y última vez se dirigió a Rusia, para concurrir al Congreso Internacional de Escritores so­lidarios con el régimen soviético (octubre). No le acompañó esta vez Georgette, tanto por no haber sido invitada como por motivos de salud.

Vallejo en Moscú.

Una vez acabado el Congreso, retornó a España. Allí, las carencias económicas empezaron nuevamente a acicatearle, ya que pese al evidente éxito de su obra “Rusia en 1931”, los editores rechazaron otro escrito suyo que seguía la misma línea del anterior: “Rusia ante el segundo plan quinquenal”, por ser de carácter marxista y revolucionario. Sistemáticamente otras obras suyas fueron igualmente rechazadas, entre ellas dos piezas teatrales “Moscú contra Moscú” –que ahora conocemos bajo el título de “Entre las dos orillas corre el río”-, y “Lock-out”, debido a que su estilo y lenguaje no parecían ajustarse a las exigencias del gran público. Todo ello pese al apoyo que el gran Federico García Lorca le prestó recomendándole ante los editores (16). También le negaron la publicación de un libro de ensayos titulado “El arte y la revolución”.

Vallejo prefirió entonces retornar a París tras ser levan­tada la anterior prohibición de ingreso y luego de haber conseguido permiso para radicar en dicho país (11 de febrero de 1932).

Sin embargo, en ese año de 1932 su situación económica empeoró. Tras retornar a París, Georgette vendió su departamento que recibiera como herencia materna, y ambos desde entonces vivieron en hoteles. Para colmo, ese mismo año Georgette se agravó y tuvo que ser llevada al hospital. Según cuenta Larrea, dicho mal era consecuencia de los continuos abortos provocados, llegando al extremo de llevar un feto muerto dentro de su vientre durante tres meses. No obstante, la pareja pudo capear el temporal, por el momento.

En 1933 Vallejo se encontraba afanado en nuevos proyectos de libros. Escribió entonces una serie de siete artículos titulada “¿Qué sucede en el Perú?” publicada en la revista “Germinal”.

En 1934 mejoró su situación económica. Contrajo matrimonio con Georgette, por lo civil y casi en secreto, el 11 de Octubre de 1934. Fueron testigos Ismael González de la Serna -pintor granadino amigo de Federico García Lorca- y su mujer, Susanne Putois. La pareja vivía por entonces en el Nº 41 de Boulevard Garibaldi; posteriormente se trasladaron al Hotel du Maine. Esta nueva estada en París se caracterizó por estas continuas mudanzas de uno a otro hotel. También frecuentó Vallejo por esos años los cafés Le Dôme, La Coupole, La Rotonde, y el restaurant François Villón. Entre sus amigos más íntimos se contaban Gonzalo Rose, Helba Huara, Elsa Henríquez, Manuel Jesús Chávez Lazo, Emile Savatry.

Su espíritu atormentado y febril no hallaba ya so­siego; desbordábase en pasión vital y artística. Por este tiempo termina de escribir otra de sus obras teatrales: "Colacho hermanos o presidentes de América'', una sátira contra los gobiernos latinoamericanos sumisos al imperialismo yanqui, pero que ningún editor se animó a publicar. También le rechazaron otro libro de ensayos que quiso dar a la prensa, titulado "Contra el secre­to profesional". Ambas obras serían publicadas muchos años después de su muerte. Entre 1935 y 1936 escribió una serie de cuentos, titulados El niño del carrizo, Viaje alrededor del porvenir, Los dos soras y El Vencedor, que igualmente serían publicados póstumamente. También trabajó por entonces en proyectos para hacer guiones de cine.

Del mismo modo seguía arrumando en su gaveta una serie de poemas que luego de su muerte serían agrupados con el título genérico de “Poemas humanos”, que empezara a escribir desde 1931. "A qué escribir poemas", cuenta Georgette que exclamaba un día Vallejo, "¿para qué y para quién? ¿Para el cajón?"... Sin embargo, a principios de 1935 se decidió proponer una selección de sus versos a un editor de Madrid, quien aceptó la propuesta. La adversidad quiso que no le llegara la respuesta afirmativa a Vallejo solo hasta después del estallido de la guerra civil en España, por lo que el proyecto quedó suspendido.

Al estallar la guerra civil en España (Julio de 1936) y vista la magnitud del acontecimiento, Vallejo depuso toda discrepancia que podía tener con la República española, y se entregó de lleno a colaborar en la creación del "Comité Iberoamericano para la Defensa de la República de España" y de su vocero, el boletín “Nueva España”, así como en mítines, reuniones y colectas de fondo; escribió una serie de artículos en los que denunció lo inicuo de la política de “no-intervención” de parte de las potencias occidentales, solo provechosa para el fascismo internacional, que en contraparte, apoyó decisivamente a sus pares españoles: la falange fascista y el ejército, levantados contra la República española.

Su ya prolongada estancia en París solo la truncó dos veces: la primera en diciembre de 1936, cuando partió a Barcelona y Madrid, inquieto por el desarrollo de los acontecimientos; y en julio del año siguiente, para asistir al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, sucesivamente reunido en Barcelona, Valencia y Madrid, en demostración de solidaridad con el gobierno republicano (1937). Vallejo, en esa oportunidad, representó al Perú, al lado de escritores de la talla de Pablo Neruda, André Malraux y Octavio Paz.


El 12 de julio de 1937 Vallejo retornó a Francia. Fue nombrado secretario de la sección peruana de la Asociación Internacional de Escritores. Fue en esos días de fragor y sangría que se desgarró su estro para dar origen a ese gran poemario que es "España, aparta de mí este cáliz", que sería publicado después de su muerte, en 1939. Vallejo presentía la caída de España y la de él mismo tam­bién. Y este último presentimiento se patentizó nítidamente en la profecía de es­tos versos, incluidos en su también póstumo poemario titulado “Poemas humanos”:

"Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París ‑y no me corro
­tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto
con todo mi camino a verme solo”.

(Piedra negra sobre una piedra blanca) (17).

En los últimos meses de ese año de 1937 escribió también el drama de tema incaico "La piedra cansada". A principios de 1938 se hallaba oabsorbido en una campaña en pro del restablecimiento de las garantías democráticas en el Perú. En marzo de dicho año, cayó postrado en cama… de cansancio, a decir de él mismo. Algunos amigos, médicos compatriotas suyos, le visitaron recetándole una que otra pastilla sin tratarlo debidamente. El mal, desconocido (18), no cesó sin embargo. Alertado por el Dr. Raúl Porras Barrenechea, por entonces delegado peruano ante la Sociedad de Naciones, la legación peruana en Paris apresuró el traslado de Vallejo a un centro hospitalario. Fue internado el día 24 de marzo de 1938 en la Clínica Quirúrgica de Villa Ara­go. El 7 y 8 de abril su enfermedad hizo crisis. Después de muchos días de resignación de parte suya, de per­plejidad de parte de los médicos y de angustia de parte de sus amigos, dejó de existir en la mañana de Viernes Santo del 15 de Abril de 1938, a las 9.20 a.m. (según la partida de defunción que consta en la oficina de registros públicos) o a las 9.30 a.m. (según los registros de la clínica).

"César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro,

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos..."
(Idem).

Aunque no fue un jueves como el poeta hubiera deseado, ni tampoco un “París con aguacero”, sino de una leve llovizna primaveral. Sus restos fueron inhumados el día 19 en el cementerio de Mont‑Rouge. Los discursos necrológicos estuvieron a cargo de Louis Aragon, poeta fran­cés; de Gonzalo More, peruano; y de Antonio Ruiz Villaplana, español. Aragon juró difundir la obra de Vallejo. Sin embargo, sería su viuda Georgette quien realizaría tal labor de manera intensa y abnegada, muchas veces incomprendida.


Vallejo en su lecho de muerte.

NOTAS:

(1) Tiempo después, Ciro Alegría contaría que “había algo profundamente desgarrado en aquél hombre (…) aunque había ratos en que la alegría se paseaba por su alma (…) y entonces era uno mas entre nosotros, salvo que grande”.
(2) Antenor Orrego y Haya de la Torre se convirtieron, desde temprano, en los más entusiastas admiradores y difusores de la poesía vallejiana. Se recuerda el afecto que prodigó Haya a Vallejo en los años universitarios de Trujillo; incluso el futuro fundador del APRA escribió en 1916 una comedia titulada “Triunfa vanidad” que tenía por objeto alabar el don poético de Vallejo, víctima frecuente de burlas por sus versos entonces exóticos. Por su parte, Vallejo correspondió a tal afecto y en una celebración estudiantil con motivo de haber obtenido Haya la elección de Secretario del centro universitario, le dedicó estos versos:
Yo poeta, brindo mi copa por este pichón de cóndor;
Yo profeta, anuncio que volarás muy alto y serás grande,
grande.

(3) Lo notable de este episodio es que César Vallejo había entregado dicho trabajo encubriéndose bajo la identidad de su amigo Julio Gálvez Orrego. Al día siguiente de la entrega del premio, cuenta Antenor Orrego que como director del diario “Reforma” publicó una nota de Julio Gálvez en donde aclaraba a la comunidad que la composición ganadora no le pertenecía y que en realidad era creación del poeta César Vallejo Mendoza, habiendo actuado él solo como un sustituto a fin de darle imparcialidad al evento.
(4) Clemente Palma era hijo de Don Ricardo, el ilustre tradicionista, y oficiaba de crítico literario de la revista Variedades, en cuya sección denominada Correo Franco (22 de setiembre de 1917), profirió contra Vallejo una crítica despiadada, a raíz del envío que éste le hiciera de un poema intitulado El Poeta a su Amada (que más tarde sería incluido en Los Heraldos Negros). Citaremos solo unos fragmentos de dicha crítica: "También es usted de los que vienen con la to­nada de que aquí estimulamos a todos los que tocan de afi­ción la gaita lírica, o sea a los jóvenes a quienes les da el naipe por escribir tonterías poéticas más o menos desafi­nadas o cursis. Y la tal tonada le da margen para no poner en duda que hemos de publicar su adefesio (... )" Pero eso no es todo. Más adelante, Palma, menos clemente aún, apunta y dispara: "Hasta el momento de largar al canasto su mamarracho, no tenemos de usted otra idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana (...)". El soneto de marras de­cía algo así como: "Amada: en esta noche tú te has cruci­ficado / sobre los dos maderos curvados de mis besos". Preguntaba Palma sobre esto: "¿A qué diablo llama usted los maderos curvados de sus besos? ¿Cómo hay que entender eso de la crucifixión? ¿Qué tiene que hacer Jesús con esas burradas más o me­nos infectas? Nos remite us­ted un soneto que en verdad lo acredita a usted para el acordeón o la ocarina más que para la poesía." Para finalizar, solo acotaremos que Clemente Palma pasó al ol­vido impecablemente, mientras que la poesía de Vallejo ha escalado las cumbres de la universalidad.
(5) A tal insigne y venerable literato le dedicaría poco después uno de sus poemas de “Los heraldos negros” titulado “Los dados eternos”.
(6) Hace poco, a fines del 2007, el Poder Judicial de Perú decidió desagraviar a Vallejo, con una muestra documental, por la injusta prisión que sufrió entre 1920 y 1921. El escritor peruano Eduardo González Viaña, autor de “Vallejo en los infiernos” (2008) -primera novela de corte biográfico sobre el célebre poeta peruano-, ha demostrado que el juez encargado de la investigación de ese entonces fue comprado por los enemigos del poeta, al punto de que "falsificó documentos y firmas".
(7) Sin embargo, tiempo después, L.A.S. se declararía “ferviente admirador” de la poética vallejiana.
(8) El título correcto, tal como lo concibió el autor, es indudablemente Escalas, a secas. En la cubierta del libro se lee con letras grandes Escalas, cerradas por un adorno o viñeta, y sólo luego de la viñeta figura en una línea más abajo y con letras más pe­queñas Melografiadas, palabra conectada con las líneas siguientes: por / César A. Vallejo, de tal modo que debe leerse el conjunto como Escalas / melografiadas / por / César A. Vallejo. Siendo la melografía la escritura musical, equivale pues a "Esca­las escritas por César Vallejo". En la página o portada interior, aparece, para mayor claridad, solo ESCALAS.
(9) Se dice que Julio Gálvez, quien tenía un pasaje de primera clase (que sus parientes le enviaron a cuenta de la herencia paterna que acababan de recibir), cambió dicho pasaje por dos boletos de tercera para hacer posible que viajara en el mismo barco su gran amigo César Vallejo.
(10) Dicha labor periodística será suspendida forzosamente en 1930 a raíz de la crisis mundial, cuando revistas como ''Variedades'' y ''Mundial'' dejaron de circular, al igual que el suplemento dominical de "El Comercio" donde se publicaban sus artículos
(11) Su amigo Pablo Abril, quien residía en España, fue quien le tramitó dicha beca. Era una de esas becas que el gobierno del general Primo de Rivera otorgaba a los estudiantes latinoamericanos a fin de que siguieran o terminaran sus carreras universitarias en España.
(12) Georgette Marie Philippart Travers, nació en París el 7 de enero de 1908. Sus padres fueron Alexandre Jean Baptiste Philippart y Marie Travers. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Sevigné de Vitré, de la inspección académica de Rennes, los que culmina en 1922. Al término de sus estudios, viaja a París a trabajar en el oficio de costura con su madre. “Desde mayo de 1926, recién conozco a Vallejo -afirmó Georgette- solo de vista, pues nunca nos hablamos y ni siquiera ha buscado entablar una conversación”. En pleno invierno parisino, febrero de 1927, al caer la noche, Georgette conoció directamente al poeta. “Estamos en la calle Montpensier…Vallejo, quitándose el sombrero me saluda y veo una gran luminosidad blanca-azul alrededor de su cabeza…”. Datos tomados de Georgette Vallejo al fin de la batalla de Miguel Pachas Almeyda.
(13) Lo dijo en una entrevista publicada en el suplemento literario El techo de la ballena, del diario La República de Lima, en edición conmemorativa por los 50 años de la muerte de Vallejo, 10 de abril de 1988.
(14) En cuanto a Henriette, la anterior pareja de Vallejo, se dice que se enojo muchísimo al saber que el poeta se había ido a vivir a la casa de Georgette y fue a confrontar a ésta. Georgette le entregó una cuantiosa suma de dinero a cambio de que desapareciese de la vida de Vallejo. Henriette, una chica humilde y sin mayor instrucción, debió quedar satisfecha, pues no se supo más de ella.
(15) El poeta Rafael Alberti, quien tuvo una longeva vida, nunca olvidaría al “triste y hondo cholo peruano” quien, un día del año de 1931, estuvo en su casa, a donde le había invitado para ser testigo de un evento único: la lectura que el mismísimo Miguel de Unamuno haría de una de sus obras teatrales, titulada “El hermano Juan” (según relató en su libro “Imagen primera de…” Capítulo referido a Unamuno).
(16) No tan conocida por el gran público es la gran amistad que profesaron ambos geniales poetas: el granadino, el más grande poeta español del siglo XX, y el cholo de Santiago de Chuco, considerado ahora poeta universal. Cuando en 1936, a poco de estallar la guerra civil, Lorca fuese salvajemente asesinado por una turba de facciosos (y fascistas), este hecho abrumaría profundamente a Vallejo y lo comprometería aún más a solidarizarse con la causa que él, con todo derecho, consideraba justa.
(17) El título de esta composición, tantas veces recitada, deriva de una tradición de los habitantes de Santiago de Chuco: el colocar una piedra negra sobre una piedra blanca para señalar los entierros.
(18) Según Georgette, se supo después que aquel extraño mal fue un viejo paludismo reaparecido después de 20 o 25 años, a consecuencia de un estado general debilitado.

1 comentario:

Gonzalo M M dijo...

MAS INFO SOBRE GONZALO MORE Y HELBA HUARA
Gonzalo More Barrionuevo nació en Puno a fines del siglo XIX. Era hermano de Carlos (pintor y grabador, creó las cooperativas en Huancané antes que los revolucionarios bolcheviques y le corregía los poemas a su amigo Oquendo de Amat; en Lima expuso con su mujer Margoth en el Salón de los Independientes), Federico (maestro del periodismo, un colónida verde y renegón, pero muy sabio i temido, de muy buen diente pa comer y escribir, hay un blog con sus cosas: http://federicomore.blogspot.com/);y Ernesto (poeta andinista y periodista, proindigenista, vivió enamorado de Puno, Cusco y Cajamarca).
Gonzalo se casó con la bailarina cusqueña Helba Huara(madre de la artista y diseñadora Elsa Enríquez, quien casó con el célebre pintor y fotógrafo francés Emile Savitry). Ambos viajaron cual juglares por Centroamérica y USA. Luego a Francia.
Helba tuvo su propio taller de danza en Nueva York: “Estudio Helba Huara”, allí Rosa Alarco estudió Danza Moderna y Coreografía (1942-43).
Las noticias de la época presentan a HH en Broadway cumpliendo un papel muy especial en la obra "A Night in Spain" en el Winter Garden Theatre y el 44th Street Theatre, que fue representada 174 veces en 1927.
El Time, en su edición del 16 de mayo de 1927, la cree española y alaba su actuación:
"A Night in Spain. Billed in the provinces as "A Tabasconian Extravaganza, Torrid as the Calorific Passion of Colorful Castile" with "Seventy Stunning, Seductive, Saltatorial Senoritas," this revue was gleefully flayed by provincial critics. But three months of wandering, trimming and revision have turned it into a saturnalia as amusing as it is brash. Ted Healy, Phil Baker and Stanley Rogers crack immoderatly wise. Cortez & Peggy, the Hoffman and Foster Girls and the Trainor Brothers have nervous, agile feet. Dancer Helba Huara, imported from Spain as atmosphere, insinuates her vivid self throughout the program."

Allí tmb conocieron a Anais Nin. GM y HH figuran con seudónimos en varias partes de los famosos Diarios. Gonzalo y Anais no sólo eran amantes, tmb tuvieron el proyecto de hacer una editorial proletaria pero la idea cayó a oídos macartistas y los deportaron.
GM y HH vijaron a Paris (donde volverian a encontrarse con Anais y Henry Miller), participaron indirectamente del movimiento surrealista, y fueron amigos de Désirée Lieven, César Vallejo, Paul Valery, Jacques Prevert, Juan Larrea, Louis Aragon, Pablo Picasso, entre otros.
La imagen de HH ha sido reproducida muchas veces, aunque no existen muchas fotos de ambos. Las dos más conocidas fueron tomadas por los hermanos Vargas en Arequipa, y la que figura con Anais Nin fue tomada por Brassai o por Savitry. Hay otra foto que se convirtió en postal tomada por el famoso fotógrafo alemán radicado en USA Carl Link, que actualmente figura en su colección de postales albergada en el National Cowboy Museum de Oklahoma, en su periodo de fotógrafo de artistas de la danza y el teatro mundial. Sé que hay otras de Max Thorek de 1930 y Jean Schwartz, de la misma época en archivos norteamericanos y franceses.
Gonzalo podría ser considerado un un precursor del modernismo artistico por sus concepciones de arte efímero y nociones de tradición y modernidad (Ricardo Kusunoki del Museo de Arte de Lima, está tras la búsqueda de información, pa quien quiera ayudar, pls!!), GM fue pintor; escultor, pianista, luminotécnico y el equivalente de la epoca a efectos especiales de Antonin Artaud, y estuvo al lado de Vallejo cuando murió en viernes santo, fue su mejor amigo).
GM y HH murieron en Francia.
Ce tout!